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Los posos del té.

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Si hay algo más antiguo que el té son los afanosos intentos de los seres humanos por conocer su destino, desde tiempos inmemoriales recurrimos a videntes, pitonisas y oráculos con la esperanza de encontrar guía, consuelo y esa voz alentadora que nos diga que todo va a ir bien. Para ello, todos estos profesionales de lo oculto,capaces de correr por un instante el velo de la realidad mundana y ver más allá, intérpretes de las señales místicas y divinas sólo legibles para los iniciados, se han valido de las más diversas herramientas: huesos, bolas de cristal y ouijas, son algunas de ellas, si bien ya pasadas de moda y que el cine de vez en cuando se ocupa de rescatar, las cartas y la lectura de los astros por otra parte son clásicos que jamás pasarán de moda. En el apartado de comidas y bebidas el repertorio es amplio y no escasean los opiáceos, si una pequeña porción de seta era capaz de hacer crecer y decrecer a nuestra querida Alicia, qué no hará por nosotros el peyote; así pues, muchos oráculos veían en estas místicas viandas una línea directa con lo divino que les permitían una lectura lúcida de esas señales ocultas para el común de los mortales.

He de deciros que entre todo este abanico de posibilidades siempre me ha llamado la atención la presencia del té, estas pequeñas hojas, humildes, inocuas y presentes en nuestro día a día desde hace siglos son también una herramienta para poder conocer nuestro futuro. Este arte de la interpretación de los posos del té es conocido como taseografía o taseomancia y, al parecer, practicado en China desde hace 2000 años, os he de decir que no he encontrado ninguna referencia a ningún texto apoyando tal afirmación. Lo que si está más que documentado es que este modo de adivinación se puso muy de moda en Inglaterra del siglo XVIII y XIX llegando su técnica hasta nuestros días, un ritual sencillo, en el que la interpretación de las formas dejadas por las hojas del té pueden dar horas de entretenimiento, ¿Qué mejor forma para pasar una tarde que una animada charla sobre lo que nos puede acontecer? La lectura de los posos del té era una forma fácil y barata de conocer el futuro sin meterte en líos, la ouija, los videntes y demás, tenían esa cosa de estar con los del más allá y en algún momento molestarlos con lo que una maldición o algo así podía sucederte, así que mejor dejarlo en manos de profesionales, sin embargo, la interpretación de los posos del té lo podía hacer cualquiera, si eres capaz de ver formas en las nubes blancas, ya estás capacitado para verlas en los posos del té, sin contraindicaciones ni maldiciones futuras y mucho más barato que tener que llamar a una o un vidente o adivino.

¿Os han entrado ganas de conocer vuestro futuro? Os recuerdo que en la tienda disponemos de todo lo necesario para hacerte con tu kit de adivino, en cuanto al ritual y las figuras a interpretar, en pleno siglo XXI sabéis que están disponibles a golpe de click. Pero recordad, ya el propio oráculo de Delfos era ambiguo y esquivo, así que si no os salen dos lecturas iguales… de hecho, por favor avisadme si os salen.

“Te advierto, quienquiera que fueres tú, que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. si tú ignoras las excelencias de tu propia casa. ¿Cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros. Hombre conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses.”  (Inscripción en el oráculo de Delfos)

Nos vemos en la próxima taza.

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Con buen sabor de boca

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Hace tiempo que no se me ve por aquí, no es que me haya ido, simplemente no he estado lo suficientemente centrada, por decirlo suavemente. Entre té y té no le he dedicado el tiempo y esfuerzo que requería, esto tengo que reconocerlo y agacho las orejas para que me deis la colleja que merezco.

En otro orden de cosas y entrando ya en materia, os tengo que hablar de los acompañamientos del té; a un estómago agradecido como el mío he de decir que cualquiera le parece bien, desde los más insignes e ilustres sandwiches de pepino ingleses, o sus afamados scoones, a nuestras humildes pastitas de té, sin olvidarnos por supuesto de las famosas wafels o tapatés, esas deliciosas galletas holandesas capaces de aportar en un solo bocado toda la carga calórica necesaria para subir el Himalaya, entre dos gofres una untuosa capa de caramelo espera impaciente el calorcito del vapor del té para fundirse y hacer la experiencia todavía un poquito más placentera. Y es que el té solo está estupendo, pero si lo acompañamos pues mejor que mejor, quizá es demasiado tarde para advertir a los que buscan el té por sus virtudes adelgazantes que mejor hoy no se lean el post. Siempre he sido y seré defensora del té porque sí, porque está bueno,como algo lúdico y maravilloso al margen de los miles de beneficios que mil estudios, y otros mil que vendrán, nos demuestran que tiene.

Y como algo lúdico y maravilloso aparecen todos estos acompañamientos, dulces o salados, pequeños bocados que precisamente por ser accesorios y totalmente prescindibles se hacen sabrosos y magníficos. En una mesa de té se pueden desplegar a las cinco de la tarde toda un abanico de colores, olores y sabores, desde los más refinados y elaborados a los más rústicos y tradicionales. ¿Quién no recuerda con cariño, y cierto saliveo, el olor de la cocina cuando mamá o la abuela hacía galletas? Esas sencillas pero al mismo tiempo sublimes galletas de nata, con esos cristalitos de azúcar por encima, costaba darles tiempo a que se enfriaran para poder comerlas y una vez que se abría la veda, si no las retiraban a tiempo, no quedaba una triste migaja para el día siguiente.

He de deciros, y esto me llena de orgullo y satisfacción, que aunque no he podido hacer que vuestra madre o abuela os vuelvan a hacer las galletas, si he conseguido que Xosé de la granja Casa da Fonte en Lugo se ponga a ello; y con un resultado más que excelente, así que puedo anunciaros que tengo en la tienda esperándoos unas maravillosas galletas de nata, con leche 100% gallega de ganadería ecológica por supuesto, amén de las también fantásticas wafels holandesas para los más golosos.

Y con esto, mientras me sacudo las migas de la camisa os digo hasta la próxima taza.

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La vieja tetera

 

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Hace algún tiempo tuve la inmensa suerte de que Marcos hiciera un reportaje fotográfico a la tienda ycreo que es el momento de compartir algunas de sus fotos con vosotros, especialmente con aquellos que no conocen la tienda física. Os dejo una pequeña selección del trabajo de este gran fotógrafo.

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El té de las cinco

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Son varias las leyendas sobre la aparición y el consumo del té, desde las explicaciones más místicas, atribuidas a las lágrimas de Buda, a las menos fantasiosas, de un sabio chino y unas accidentales hojas caídas en el agua que estaba calentando; el caso, es que desde hace miles de años se consume té. En alguna que otra entrada del blog, hemos tratado la idea de consumirlo en soledad, pero hacerlo en compañía, es también una gran opción. El té de la tarde es la ocasión perfecta para reunirse con familia o amigos y charlar de cosas profundas o intranscendentes, una buena charla puede ser una gran medicina.

En una de esas charlas de té me enteré de la historia de Piluca, una entrañable amiga de mi abuela de 86 años, vital, en plena forma y por supuesto siempre arreglada y a punto para salir a pasear o a misa de 12:00 los Domingos. El caso es que Piluca, un poco cansada de los paseos vespertinos y de la sesión vermut matinal le dijo a uno de sus hijos que un  día quería salir a cenar por ahí, hacía siglos que no iba a cenar y a pasar una noche entretenida; el hijo de Piluca consideró más que razonable el requerimiento de su madre, así que junto con su mujer ese mismo Sábado noche le dieron el gusto y  cumplieron su capricho, escogieron un buen restaurante, reservaron mesa y la fueron a buscar a casa.

Fue una cena amena y tranquila, Piluca, encantada disfrutó de la velada, pero ya acabada la cena y consumidos el postré y el café, consideró que aún no eran horas de retirarse para casa y que para poner el broche de oro lo ideal sería irse a “tomar una copa”. El hijo y la nuera se quedaron un poco sorprendidos, pero la verdad es que todo aquello seguía siendo razonable; así que después de mirarse el uno al otro, se encogieron de hombros y dijeron: ¿porqué no? El gran problema era, que si bien Piluca tenía 86 años, su hijo pasaba bastante de los 60, así que la última vez que se “tomó una copa” fue como hace 20 años. Tanto él como su mujer comenzaron una conversación sobre qué sitio podría ser aceptable, dónde estaba y lo más crucial, si seguiría abierto. Al final el hijo de Piluca se acordó de un local que estaba muy bien, tranquilo e ideal para tomar una copa con su madre, probarían suerte a ver si seguía abierto. Pidieron la cuenta, subieron al coche y pusieron rumbo al local citado, pasaron con el coche y vieron que seguía abierto, con otro nombre, pero parecía que conservaba todo lo demás, al no tener sitio para aparcar cerca, decidieron que lo mejor era que  bajaran Piluca y su nuera mientras su hijo aparcaba el coche y después ya se encontrarían todos en el sitio. Así hicieron, Piluca esaba muy emocionada, si hacía años que no cenaba por ahí, ni te digo los años sin salír a tomar una copa. Ataviada con su mejor abrigo y su collar de perlas entró del brazo de su nuera en el local.

La decoración y el ambiente eran sumamente agradable, unas mesas bajas con sillones formando pequeñas islas, la barra de madera de roble oscura, música agradable, y una luz acogedora y tenue. En la barra sentados varios hombres de mediana edad, en torno los 45 – 65 años, muy bien vestidos y la señorita que atendía la barra, una joven muy guapa las miró en cuanto entraron por la puerta, les dedicó una amplia sonrisa y se dirigió a su compañera; sin duda para decirle que las atendiera en seguida, pensó Piluca. aprobando el servicio tan esmerado del sitio. Encantada con toda la situación, tomó asiento con su nuera en una de las islitas de sillones y mesas bajas a la espera de la llegada del hijo, mientras la compañera de la chica de la barra, otra joven muy guapa, se acercó a ellas y muy educadamente les dio las buenas noches con una sonrisa, sin dejar de mirar a Piluca,  procedió a explicarles lo siguiente:

– Buenas noches, no sé si se habrán dado cuenta de que en este local, sólo hay caballeros; tengo que decirles, que este es un local de alterne, no las estamos echando, ni mucho menos, si lo desean pueden quedarse, pero creo que deberían saberlo.

Al terminar de decir aquello, la chica miró a Piluca y a su nuera temiéndose lo peor, la nuera ya estaba cogiendo los abrigos azorada y pensando en salir de allí lo más rápidamente posible y esperando que nadie las viera ni entrar ni salir de aquel sitio; por su parte Piluca, sin perder la compostura le devolvió la mirada a la muchacha y contestó muy seria.

-¡Una casa de citas! ¡Pues yo si soy de utilidad me quedo. A mis años no voy a decir que no ni andar con exigencias!

Tengo que deciros que no sé si Piluca se quedó o no a tomar la copa allí, ya que las risas de todos impidieron que pudiese contar el final, aunque también creo que ella misma se quiso guardar el final para si y dejarnos con la intriga, su nuera e hijo prefieren no volver a hablar del tema nunca más y se niegan a dar cualquier detalle sobre la historia en cuestión.

¡Nos vemos en la próxima taza!

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Un té con especias, por favor.

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Las especias siempre han sido muy apreciadas en todo el mundo y desde épocas remotas, llegando a usarse como moneda y formando rutas de comercio que atravesaban el planeta por tierra y por mar. Deseadas siempre, tanto por sus aromas y sabores, como por los beneficios que aportan a nuestro organismo, han estado siempre unidas a recetas antiquísimas para curar determinados males, fortalecer el cuerpo o animar el espíritu; así que no es de extrañar que las encontremos unidas al té.

No se puede datar con exactitud cuando apareció el consumo de té con especias, conocido popularmente como chai, los más aventureros datan su consumo de hace 4.000 años, pero lo que si se puede decir, es que un té con especias en una mañana o tarde fría te hace volver a la vida. En esto tengo que confesar que soy extremadamente purista, me gusta tomarlo cargado y con leche, muy calientes y que el sabor y olor  de las especias inunden toda la taza, jengibre, canela, clavo, cardamomo, anís estrellado; todos reunidos en un té con carácter y con leche para despejar cuerpo y mente, revitalizarte y  hacerte sentir bien, aunque tu día haya sido una auténtica…. digamos porquería.

Tengo que reconocer que este tipo de té para mi es una debilidad, la canela me recuerda muchos momentos de mi niñez, las natillas de mi madre o su arroz con leche, el cardamomo  el strudel de un buen amigo; y así con todos y cada uno de los olores, el clavo, el remedio de mi abuela para los dolores de muela, al anís estrellado, los caramelos de los que todos huíamos de chicos y que cuando te tocaban te pasabas escupiendo todo el rato, todavía no me he encontrado con una sola persona a la que le gustaran los caramelos de ese sabor, estoy convencida de que los fabricaban solamente para fastidiar. Es curioso el poder evocador de las especias y de los olores en general, parece que en cuanto hueles algo se pulsa un botón en tu mente que conecta de manera directa con un riconcito de tu memoria y te lleva directo allí, a ese momento y lo revives con muchísima intensidad; personalmente me resulta mucho más potente para recordar que la vista o el oído.

Por el olor  recuerdo la colonia de mi abuelo, de lavanda inglesa, Atkinsons, y que no me averguenza decir, es la misma que uso yo, su jabón Heno de pravia, el pintalabios de mi abuela y su laca. También tengo grabados el olor de la casa de mis otros abuelos, el de las navidades en casa de mis padres y de los trasteros de casa de mis padres, nos encantaba subir allí, era como ir de exploración a buscar tesoros. Creo que puedo recrear todo un mundo a través del olfato, un mundo que se vuelve intenso y vívido cada vez que vuelve a pasar a mi lado una señora que lleva esa laca tan particular y seguro se pregunta que porqué sonrío.

Y olfateando y recordando paraísos perdido

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El té Darjeeling del Dr. Campbell

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Junto con el English breakfast este es uno de los tés de mi infancia, no por que lo tomara o tan siguiera tuviera un recuerdo especial de un olor característico, simplemente había una lata gris y muy vieja que rondaba por casa; esa lata me encantaba, no recuerdo la marca del té, pero tenía un mapa dibujado con un barco de vela y una ruta hecha con puntitos que unía Inglaterra y Bombay. Me gustaba por el dibujo y no dejaba de sorprenderme que alguien hiciera todo ese camino sólo para ir a buscar té.

Pasado un tiempo averigüé el motivo, y es que, al fin y al cabo, el darjeeling no deja de ser un invento inglés; me explico, aunque cultivado en India, que allí se plante té es por que los ingleses lo introdujeron desde China, concretamente fue  en el siglo XIX mun doctor llamado Campbell quien lo hizo, el resto es historia.

Cuando empecé a adentrarme en el mundo del té, por supuesto el Darjeeling fue uno de los primeros tés que probé, tengo que decir que me no me esperaba ese sabor ni por supuesto su aroma, con un toque como floral. Acostumbrada como estaba  al té negro aquello no tenía nada que ver, más suave y si le echaba leche era horrible, y con limón la mezcla tampoco funcionaba; vamos, un té para tomar sólo. Para estar considerado como el rey de los tés, o el champagne de los tés, por todas sus características, es curioso como para mi este té tiene un carácter terapéutico, no puedo dejar de pensar al tomarlo, como aquella pequeña decisión medio casual y medio experimento de probar a ver que tal funcionaba el plantar té  en aquella remota región india, devino en uno de los mejores tés del mundo; y es que a veces, estas cosas del azar, de improvisar y probar algo nuevo, te llevan por caminos insospechados y con un final más que feliz.  Otras veces cuando vamos por el camino que se supone marcado de antemano, cumpliendo todos los pasos que se supone debemos dar, acabamos empotrados contra un muro.

Quizá la historia del Darjeeling me enseña que los experimentos a veces funcionan, que dejar lo previsto y trillado y lanzarme de vez en cuando a la aventura puede derivar en un camino que me lleve por donde nunca imaginé. Un camino que me haga feliz, de una manera distinta, única, como el propio Darjeeling, incomparable, pero auténticos los dos siempre.

Nos vemos en la próxima taza.