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El té de las cinco

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Son varias las leyendas sobre la aparición y el consumo del té, desde las explicaciones más místicas, atribuidas a las lágrimas de Buda, a las menos fantasiosas, de un sabio chino y unas accidentales hojas caídas en el agua que estaba calentando; el caso, es que desde hace miles de años se consume té. En alguna que otra entrada del blog, hemos tratado la idea de consumirlo en soledad, pero hacerlo en compañía, es también una gran opción. El té de la tarde es la ocasión perfecta para reunirse con familia o amigos y charlar de cosas profundas o intranscendentes, una buena charla puede ser una gran medicina.

En una de esas charlas de té me enteré de la historia de Piluca, una entrañable amiga de mi abuela de 86 años, vital, en plena forma y por supuesto siempre arreglada y a punto para salir a pasear o a misa de 12:00 los Domingos. El caso es que Piluca, un poco cansada de los paseos vespertinos y de la sesión vermut matinal le dijo a uno de sus hijos que un  día quería salir a cenar por ahí, hacía siglos que no iba a cenar y a pasar una noche entretenida; el hijo de Piluca consideró más que razonable el requerimiento de su madre, así que junto con su mujer ese mismo Sábado noche le dieron el gusto y  cumplieron su capricho, escogieron un buen restaurante, reservaron mesa y la fueron a buscar a casa.

Fue una cena amena y tranquila, Piluca, encantada disfrutó de la velada, pero ya acabada la cena y consumidos el postré y el café, consideró que aún no eran horas de retirarse para casa y que para poner el broche de oro lo ideal sería irse a “tomar una copa”. El hijo y la nuera se quedaron un poco sorprendidos, pero la verdad es que todo aquello seguía siendo razonable; así que después de mirarse el uno al otro, se encogieron de hombros y dijeron: ¿porqué no? El gran problema era, que si bien Piluca tenía 86 años, su hijo pasaba bastante de los 60, así que la última vez que se “tomó una copa” fue como hace 20 años. Tanto él como su mujer comenzaron una conversación sobre qué sitio podría ser aceptable, dónde estaba y lo más crucial, si seguiría abierto. Al final el hijo de Piluca se acordó de un local que estaba muy bien, tranquilo e ideal para tomar una copa con su madre, probarían suerte a ver si seguía abierto. Pidieron la cuenta, subieron al coche y pusieron rumbo al local citado, pasaron con el coche y vieron que seguía abierto, con otro nombre, pero parecía que conservaba todo lo demás, al no tener sitio para aparcar cerca, decidieron que lo mejor era que  bajaran Piluca y su nuera mientras su hijo aparcaba el coche y después ya se encontrarían todos en el sitio. Así hicieron, Piluca esaba muy emocionada, si hacía años que no cenaba por ahí, ni te digo los años sin salír a tomar una copa. Ataviada con su mejor abrigo y su collar de perlas entró del brazo de su nuera en el local.

La decoración y el ambiente eran sumamente agradable, unas mesas bajas con sillones formando pequeñas islas, la barra de madera de roble oscura, música agradable, y una luz acogedora y tenue. En la barra sentados varios hombres de mediana edad, en torno los 45 – 65 años, muy bien vestidos y la señorita que atendía la barra, una joven muy guapa las miró en cuanto entraron por la puerta, les dedicó una amplia sonrisa y se dirigió a su compañera; sin duda para decirle que las atendiera en seguida, pensó Piluca. aprobando el servicio tan esmerado del sitio. Encantada con toda la situación, tomó asiento con su nuera en una de las islitas de sillones y mesas bajas a la espera de la llegada del hijo, mientras la compañera de la chica de la barra, otra joven muy guapa, se acercó a ellas y muy educadamente les dio las buenas noches con una sonrisa, sin dejar de mirar a Piluca,  procedió a explicarles lo siguiente:

– Buenas noches, no sé si se habrán dado cuenta de que en este local, sólo hay caballeros; tengo que decirles, que este es un local de alterne, no las estamos echando, ni mucho menos, si lo desean pueden quedarse, pero creo que deberían saberlo.

Al terminar de decir aquello, la chica miró a Piluca y a su nuera temiéndose lo peor, la nuera ya estaba cogiendo los abrigos azorada y pensando en salir de allí lo más rápidamente posible y esperando que nadie las viera ni entrar ni salir de aquel sitio; por su parte Piluca, sin perder la compostura le devolvió la mirada a la muchacha y contestó muy seria.

-¡Una casa de citas! ¡Pues yo si soy de utilidad me quedo. A mis años no voy a decir que no ni andar con exigencias!

Tengo que deciros que no sé si Piluca se quedó o no a tomar la copa allí, ya que las risas de todos impidieron que pudiese contar el final, aunque también creo que ella misma se quiso guardar el final para si y dejarnos con la intriga, su nuera e hijo prefieren no volver a hablar del tema nunca más y se niegan a dar cualquier detalle sobre la historia en cuestión.

¡Nos vemos en la próxima taza!