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Los posos del té.

2016-04-21 12.29.40

Si hay algo más antiguo que el té son los afanosos intentos de los seres humanos por conocer su destino, desde tiempos inmemoriales recurrimos a videntes, pitonisas y oráculos con la esperanza de encontrar guía, consuelo y esa voz alentadora que nos diga que todo va a ir bien. Para ello, todos estos profesionales de lo oculto,capaces de correr por un instante el velo de la realidad mundana y ver más allá, intérpretes de las señales místicas y divinas sólo legibles para los iniciados, se han valido de las más diversas herramientas: huesos, bolas de cristal y ouijas, son algunas de ellas, si bien ya pasadas de moda y que el cine de vez en cuando se ocupa de rescatar, las cartas y la lectura de los astros por otra parte son clásicos que jamás pasarán de moda. En el apartado de comidas y bebidas el repertorio es amplio y no escasean los opiáceos, si una pequeña porción de seta era capaz de hacer crecer y decrecer a nuestra querida Alicia, qué no hará por nosotros el peyote; así pues, muchos oráculos veían en estas místicas viandas una línea directa con lo divino que les permitían una lectura lúcida de esas señales ocultas para el común de los mortales.

He de deciros que entre todo este abanico de posibilidades siempre me ha llamado la atención la presencia del té, estas pequeñas hojas, humildes, inocuas y presentes en nuestro día a día desde hace siglos son también una herramienta para poder conocer nuestro futuro. Este arte de la interpretación de los posos del té es conocido como taseografía o taseomancia y, al parecer, practicado en China desde hace 2000 años, os he de decir que no he encontrado ninguna referencia a ningún texto apoyando tal afirmación. Lo que si está más que documentado es que este modo de adivinación se puso muy de moda en Inglaterra del siglo XVIII y XIX llegando su técnica hasta nuestros días, un ritual sencillo, en el que la interpretación de las formas dejadas por las hojas del té pueden dar horas de entretenimiento, ¿Qué mejor forma para pasar una tarde que una animada charla sobre lo que nos puede acontecer? La lectura de los posos del té era una forma fácil y barata de conocer el futuro sin meterte en líos, la ouija, los videntes y demás, tenían esa cosa de estar con los del más allá y en algún momento molestarlos con lo que una maldición o algo así podía sucederte, así que mejor dejarlo en manos de profesionales, sin embargo, la interpretación de los posos del té lo podía hacer cualquiera, si eres capaz de ver formas en las nubes blancas, ya estás capacitado para verlas en los posos del té, sin contraindicaciones ni maldiciones futuras y mucho más barato que tener que llamar a una o un vidente o adivino.

¿Os han entrado ganas de conocer vuestro futuro? Os recuerdo que en la tienda disponemos de todo lo necesario para hacerte con tu kit de adivino, en cuanto al ritual y las figuras a interpretar, en pleno siglo XXI sabéis que están disponibles a golpe de click. Pero recordad, ya el propio oráculo de Delfos era ambiguo y esquivo, así que si no os salen dos lecturas iguales… de hecho, por favor avisadme si os salen.

“Te advierto, quienquiera que fueres tú, que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. si tú ignoras las excelencias de tu propia casa. ¿Cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros. Hombre conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses.”  (Inscripción en el oráculo de Delfos)

Nos vemos en la próxima taza.

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El té de las cinco

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Son varias las leyendas sobre la aparición y el consumo del té, desde las explicaciones más místicas, atribuidas a las lágrimas de Buda, a las menos fantasiosas, de un sabio chino y unas accidentales hojas caídas en el agua que estaba calentando; el caso, es que desde hace miles de años se consume té. En alguna que otra entrada del blog, hemos tratado la idea de consumirlo en soledad, pero hacerlo en compañía, es también una gran opción. El té de la tarde es la ocasión perfecta para reunirse con familia o amigos y charlar de cosas profundas o intranscendentes, una buena charla puede ser una gran medicina.

En una de esas charlas de té me enteré de la historia de Piluca, una entrañable amiga de mi abuela de 86 años, vital, en plena forma y por supuesto siempre arreglada y a punto para salir a pasear o a misa de 12:00 los Domingos. El caso es que Piluca, un poco cansada de los paseos vespertinos y de la sesión vermut matinal le dijo a uno de sus hijos que un  día quería salir a cenar por ahí, hacía siglos que no iba a cenar y a pasar una noche entretenida; el hijo de Piluca consideró más que razonable el requerimiento de su madre, así que junto con su mujer ese mismo Sábado noche le dieron el gusto y  cumplieron su capricho, escogieron un buen restaurante, reservaron mesa y la fueron a buscar a casa.

Fue una cena amena y tranquila, Piluca, encantada disfrutó de la velada, pero ya acabada la cena y consumidos el postré y el café, consideró que aún no eran horas de retirarse para casa y que para poner el broche de oro lo ideal sería irse a “tomar una copa”. El hijo y la nuera se quedaron un poco sorprendidos, pero la verdad es que todo aquello seguía siendo razonable; así que después de mirarse el uno al otro, se encogieron de hombros y dijeron: ¿porqué no? El gran problema era, que si bien Piluca tenía 86 años, su hijo pasaba bastante de los 60, así que la última vez que se “tomó una copa” fue como hace 20 años. Tanto él como su mujer comenzaron una conversación sobre qué sitio podría ser aceptable, dónde estaba y lo más crucial, si seguiría abierto. Al final el hijo de Piluca se acordó de un local que estaba muy bien, tranquilo e ideal para tomar una copa con su madre, probarían suerte a ver si seguía abierto. Pidieron la cuenta, subieron al coche y pusieron rumbo al local citado, pasaron con el coche y vieron que seguía abierto, con otro nombre, pero parecía que conservaba todo lo demás, al no tener sitio para aparcar cerca, decidieron que lo mejor era que  bajaran Piluca y su nuera mientras su hijo aparcaba el coche y después ya se encontrarían todos en el sitio. Así hicieron, Piluca esaba muy emocionada, si hacía años que no cenaba por ahí, ni te digo los años sin salír a tomar una copa. Ataviada con su mejor abrigo y su collar de perlas entró del brazo de su nuera en el local.

La decoración y el ambiente eran sumamente agradable, unas mesas bajas con sillones formando pequeñas islas, la barra de madera de roble oscura, música agradable, y una luz acogedora y tenue. En la barra sentados varios hombres de mediana edad, en torno los 45 – 65 años, muy bien vestidos y la señorita que atendía la barra, una joven muy guapa las miró en cuanto entraron por la puerta, les dedicó una amplia sonrisa y se dirigió a su compañera; sin duda para decirle que las atendiera en seguida, pensó Piluca. aprobando el servicio tan esmerado del sitio. Encantada con toda la situación, tomó asiento con su nuera en una de las islitas de sillones y mesas bajas a la espera de la llegada del hijo, mientras la compañera de la chica de la barra, otra joven muy guapa, se acercó a ellas y muy educadamente les dio las buenas noches con una sonrisa, sin dejar de mirar a Piluca,  procedió a explicarles lo siguiente:

– Buenas noches, no sé si se habrán dado cuenta de que en este local, sólo hay caballeros; tengo que decirles, que este es un local de alterne, no las estamos echando, ni mucho menos, si lo desean pueden quedarse, pero creo que deberían saberlo.

Al terminar de decir aquello, la chica miró a Piluca y a su nuera temiéndose lo peor, la nuera ya estaba cogiendo los abrigos azorada y pensando en salir de allí lo más rápidamente posible y esperando que nadie las viera ni entrar ni salir de aquel sitio; por su parte Piluca, sin perder la compostura le devolvió la mirada a la muchacha y contestó muy seria.

-¡Una casa de citas! ¡Pues yo si soy de utilidad me quedo. A mis años no voy a decir que no ni andar con exigencias!

Tengo que deciros que no sé si Piluca se quedó o no a tomar la copa allí, ya que las risas de todos impidieron que pudiese contar el final, aunque también creo que ella misma se quiso guardar el final para si y dejarnos con la intriga, su nuera e hijo prefieren no volver a hablar del tema nunca más y se niegan a dar cualquier detalle sobre la historia en cuestión.

¡Nos vemos en la próxima taza!