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De ceremonias del té y otros ritos

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El té desde sus inicios ha estado siempre rodeado de mitos, leyendas y ritos, hacer un buen té, sobre todo en los países orientales, conlleva una ceremonia que puede resultar muy complicada y que sólo se domina después de años de práctica y aprendizaje. Existen numerosos documentos que nos relatan el ritual chino, un poco más sencillo, y el muy complejo ritual japonés, basta echarles un ojo para llegar a una conclusión rápida: nada más lejos de nuestro té occidental; y es que si nos dejaran le daríamos ánimos al té para que se hiciera un poco más rápido.

Aunque no soy muy dada a repetir datos ni informaciones, más que nada por que creo que hay gente que de esto sabe tres mundos más que yo, os voy a resumir muy mucho la ceremonia china del té; para que os podáis hacer una idea y es que a mi siempre me surgen dos preguntas cuando pienso en esto ¿Qué saben ellos que nosotros no? es decir, ¿Por que ellos creen que tomar un té merece toda esa inversión de tiempo y energía, mientras que a nosotros nos resulta hasta cansado tener que hervir el agua cada vez que queremos tomar un té? No mintáis, alguna vez, un té de microondas rapidito ha caído, es que cuando hay prisa… Y segunda ¿Por que un té se merece una ceremonia? No hacen esto con el agua, un licor, no, lo hacen con el té, ¿Qué tiene de especial esta infusión que lo hace merecedor de todo un ritual? En occidente tenemos numerosas fiestas dedicadas a comidas y bebidas, pero ninguna de las que se me ocurren podría decir que son ceremonias, o constan de rituales, aunque se sigan con auténtica devoción, especialmente las alcohólicas.

En la ceremonia china básicamente se lava la tetera de ceremonia con agua caliente, que se vierte de otra tetera, la tetera de servicio, se lavan también los cuencos con esa misma agua, en una serie de movimientos muy precisos y siguiendo una serie de pasos. Una vez realizado esto se muestra el té, ya sea en un plato de porcelana blanco o en una cuchara de bambú, comenzando siempre por el invitado más importante; se lava el té, para lo cual se coloca en la tetera de ceremonia y según una serie de pasos estipulados se cubre de agua caliente que se desechará también. Se prepara el té en la tetera de ceremonia, vertiendo el agua de una manera muy concreta y siguiendo todo un proceso finalmente se servirá a los asistentes, con un protocolo muy marcado. Tened en cuenta que para describirla bien me harían falta tres o cuatro párrafos más, es simplemente para que os hagáis una ligera idea.

Y aquí es donde empiezan mis preguntas ¿Por qué el té? ¿Qué hay de mágico en tomarse un té con una visita, amigos o familia? Pues mucho, lo que pasa es que ellos lo saben y nosotros somos un poco burros para esto. Saben que el té es ante todo un acto social, que el té se comparte, que al té se invita y que cuando se invita, se invita al tu mejor de los tés, por lo menos si eres lo que se dice gente de bien. Recuerdo una frase que escuché hace muchos años, la buena educación es la muestra del cariño que tenemos a los demás aunque no los conozcamos; y el té refleja esto, regalamos e invitamos a té a quien queremos, a personas que son especiales para nosotros o que esperamos que algún día lleguen a serlo, tomarse un té con alguien es introducirse en una atmósfera de intimidad y familiaridad, hay algo especial en ello. Los ritos asociados al té son precisamente esto, una muestra de cariño, una invitación a entrar en contacto con otros, a hablar, a compartir y a formar parte de algo más.

Por otra parte elaborar el té lleva tiempo, tiempo que no dedicamos a nosotros, se lo dedicamos a los demás y a la infusión que vamos a compartir, un tiempo para cada cosa y cada cosa a su tiempo, decía una mujer japonesa hablando de la ceremonia del té en Japón, el té habla y marca pautas, nos dice como tratar a los demás, nos sugiere que hagamos un paréntesis en esta vida rápida y que sintonizar de vez en cuando con la naturaleza y sus tiempos no está de más, sobre todo si el té es en compañía.

Dicho todo esto sólo me queda añadir que nos vemos en la próxima taza, sin prisas y a fuego lento.

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English breakfast

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El té del desayuno por excelencia, siempre ha estado conmigo, aunque no fuera a la hora del desayuno cuando entraba en escena necesariamente, digamos que era algo así como el té de base, el que no podía faltar nunca, el remedio para casi todos los males; por lo que siempre había algo en casa, ya fuera en hojas sueltas o en bolsita, aunque estas eran el último recurso, cuando ya no quedaba nada más de lo que echar mano.

Sinceramente, no sé a que inglés se le ocurrió mezclar los diferentes tipos de tés que dan como resultado este blending tan archiconocido, me pregunto si sería una especie de alquimista del té buscando el sabor de los sabores, o simplemente buscaba algo para desayunar y tuvo que recurrir a los restitos de los botes, cosa que no es criticable, todos nos hemos visto alguna vez raspando el fondo de algún cacharro, muy concentrados, como si fuera a obrarse de nuevo el milagro de los panes y los peces, o a salir petroleo de repente; en cualquier caso, se originó un té gracias al que medio occidente se espabila por las mañanas. No voy a decir que los lunes sean menos lunes, ni que el sol brille más, pero pone las pilas de una manera más que eficiente con ese sabor sólido y ligeramente picante, es un té funcional, práctico, sobrio, con una infusión brillante y oscura; y por todo eso no puedo dejar de adorarlo, me gusta como huele, una aroma intenso, sin adornos pero capaz de emocionarte si lo dejas.

Cómo ya he dicho, para mi no es necesariamente un té de desayuno, puede ser y es, un compañero perfecto de media tarde, eso si, trae amigos, porque me cuesta concebirlo sin unas galletas, una tostada con mermelada, unas pastas, o una onza de chocolate, es golosete el condenado, y yo más.

¿Solo, con leche o con limón? Yo, con leche sin duda, una nube de leche que echo muy despacio mientras veo como se va disolviendo y formando dibujos en la infusión, me quedo mirando la taza hasta que se mezclan del todo e intento no revolverlo, pequeños placeres que son muy grandes y una que tiene unas manías un tanto particulares.

Después de todo esto, sólo me queda una opción, prepararme uno, no sin antes deciros que nos vemos en la próxima taza y que si no habéis probado aún un english breakfast, de verdad, no sé a que esperáis, no encontraréis una excusa mejor para una merienda a media tarde, palabrita.

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El té negro

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Al empezar a catalogar todos los tés disponibles en tienda decidí empezar por los tés negros por dos motivos, uno, es la estantería más cercana a mi escritorio y dos, son los tés por los que me introduje en este mundo. Actualmente disponemos de 15 variedades y al sacarles  las fotos y empezar a describirlos uno por uno, me he dado cuenta de una cosa, no he hablado de las múltiples propiedades del té negro, ni de las que poseen los diferentes componentes de los blends, y lo que es peor, no pienso hacerlo; no por que no las tengan, que las tienen y  muchas, si no porque para mi la experiencia del té va más allá.

La afirmación de ahí arriba ha sonado terriblemente transcendente, y ni de lejos es lo que pretendo, si que el té y todos los ritos asociados a su consumo tienen un componente espiritual y transcendental en el que no voy a entrar por ahora; simplemente el té forma parte de mi vida de una forma que no puedo reducir a un mero listado de propiedades y beneficios, algo aséptico y objetivo. Mi experiencia con el té es subjetiva, como toda experiencia, va ligada a mis recuerdos, a mi infancia, adolescencia, a mis amigos y las tardes y noches pasadas en algún café, donde ponían muy buena música que acompañaba a una mejor conversación, o veladas en casa, en las que el té era y es el colofón final a una buena cena y preludio de una gran charla. Aquí es donde quiero llegar, el té es mucho más que catequinas, antioxidantes y beneficios para reducir el colesterol o las enfermedades cardiovasculares, es una bebida que une y ha unido siempre, que se ofrece al visitante, al amigo, se recomienda, traba amistades y nos hace partícipes de confidencias, risas y si, chismes también.

El té es visual, olfativo y gustativo, nos atrae y envuelve con su aroma y sabor, ataca directamente a las emociones. Dicen los expertos que los recuerdos cuando van ligados a emociones se hacen mucho más duraderos, pues el té es el superglue de la memoria, los evoca, los afianza y los crea.

En esta página y en este catálogo de tés, encontraréis tés que van ligados a una vida, a la mía, tés que me acompañan desde la infancia, descubrimientos recientes que se han vuelto insustituibles y otros muchos que me van e irán acompañando, aunque trataré de describirlos lo mejor que pueda, no creo que os hable de lo bien que van para hacer la digestión.

Nos vemos en la próxima taza.