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Sakura, Sakura

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Nuestro té tributo a Japón, la cereza, rosa y peonía combinan con el té de jazmín y el sencha ofreciendo una mezcla aromática y sugerente que nos transporta a esos jardines japoneses con los cerezos en flor. La propia palabra sakura significa justamente eso, cerezo en flor y también es el título de una canción tradicional japonesa que el propio Puccini utilizará en su famosa ópera Madame Butterfly.

Respecto a esta ópera han salido últilmamente voces pidiendo que se deje de representar ya que la consideran racista y cargada de estereotipos sobre la cultura japonesa. Os he de confesar que estos artículos, escritos por grandes eruditos y entendidos en la materia, me dejan francamente perpleja, puede ser que tenga la piel muy gruesa y una falta total de sensibilidad, pero la ópera en si me parece maravillosa y sería una pena que dejaran de representarla, cuando por otra parte en Japón se representa todos los años.

No puedo decir hasta que punto Puccini era conocedor de la cultura japonesa, ya que su obra está inspirada en un cuento de J. L. Long, que a su vez se basa en una historia real acontecida en torno 1890, historia que no tiene ese final trágico de la ópera, a la Madame Butterfly real la convenció para que no se suicidara su sirvienta y huyó con su hijo antes de que entrara el militar americano para llevárselo. Espero francamente que nunca se deje de representar, que podamos seguir emocionándonos con ella y ver más allá de los estereotipos o prejuicios que pueda tener.

Aunque lo propio sería poner la canción “Sakura, sakura” no me resisto y os dejo el link a la interpretación de la Madame Butterfly más maravillosa que por ahora ha habido Maria Callas bajo dirección de Herbert von Karajan y la orquesta de la Scalla de Milán cantando “Con onor muore” (pinchad en el propio título para ver el vídeo).

Espero lo disfrutéis con una buena taza de Sakura, pero no me despido sin deciros que la foto de la portada es de Marcos López Costas, una foto preciosísima, hasta la próxima taza.

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Los posos del té.

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Si hay algo más antiguo que el té son los afanosos intentos de los seres humanos por conocer su destino, desde tiempos inmemoriales recurrimos a videntes, pitonisas y oráculos con la esperanza de encontrar guía, consuelo y esa voz alentadora que nos diga que todo va a ir bien. Para ello, todos estos profesionales de lo oculto,capaces de correr por un instante el velo de la realidad mundana y ver más allá, intérpretes de las señales místicas y divinas sólo legibles para los iniciados, se han valido de las más diversas herramientas: huesos, bolas de cristal y ouijas, son algunas de ellas, si bien ya pasadas de moda y que el cine de vez en cuando se ocupa de rescatar, las cartas y la lectura de los astros por otra parte son clásicos que jamás pasarán de moda. En el apartado de comidas y bebidas el repertorio es amplio y no escasean los opiáceos, si una pequeña porción de seta era capaz de hacer crecer y decrecer a nuestra querida Alicia, qué no hará por nosotros el peyote; así pues, muchos oráculos veían en estas místicas viandas una línea directa con lo divino que les permitían una lectura lúcida de esas señales ocultas para el común de los mortales.

He de deciros que entre todo este abanico de posibilidades siempre me ha llamado la atención la presencia del té, estas pequeñas hojas, humildes, inocuas y presentes en nuestro día a día desde hace siglos son también una herramienta para poder conocer nuestro futuro. Este arte de la interpretación de los posos del té es conocido como taseografía o taseomancia y, al parecer, practicado en China desde hace 2000 años, os he de decir que no he encontrado ninguna referencia a ningún texto apoyando tal afirmación. Lo que si está más que documentado es que este modo de adivinación se puso muy de moda en Inglaterra del siglo XVIII y XIX llegando su técnica hasta nuestros días, un ritual sencillo, en el que la interpretación de las formas dejadas por las hojas del té pueden dar horas de entretenimiento, ¿Qué mejor forma para pasar una tarde que una animada charla sobre lo que nos puede acontecer? La lectura de los posos del té era una forma fácil y barata de conocer el futuro sin meterte en líos, la ouija, los videntes y demás, tenían esa cosa de estar con los del más allá y en algún momento molestarlos con lo que una maldición o algo así podía sucederte, así que mejor dejarlo en manos de profesionales, sin embargo, la interpretación de los posos del té lo podía hacer cualquiera, si eres capaz de ver formas en las nubes blancas, ya estás capacitado para verlas en los posos del té, sin contraindicaciones ni maldiciones futuras y mucho más barato que tener que llamar a una o un vidente o adivino.

¿Os han entrado ganas de conocer vuestro futuro? Os recuerdo que en la tienda disponemos de todo lo necesario para hacerte con tu kit de adivino, en cuanto al ritual y las figuras a interpretar, en pleno siglo XXI sabéis que están disponibles a golpe de click. Pero recordad, ya el propio oráculo de Delfos era ambiguo y esquivo, así que si no os salen dos lecturas iguales… de hecho, por favor avisadme si os salen.

“Te advierto, quienquiera que fueres tú, que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. si tú ignoras las excelencias de tu propia casa. ¿Cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros. Hombre conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses.”  (Inscripción en el oráculo de Delfos)

Nos vemos en la próxima taza.

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Con buen sabor de boca

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Hace tiempo que no se me ve por aquí, no es que me haya ido, simplemente no he estado lo suficientemente centrada, por decirlo suavemente. Entre té y té no le he dedicado el tiempo y esfuerzo que requería, esto tengo que reconocerlo y agacho las orejas para que me deis la colleja que merezco.

En otro orden de cosas y entrando ya en materia, os tengo que hablar de los acompañamientos del té; a un estómago agradecido como el mío he de decir que cualquiera le parece bien, desde los más insignes e ilustres sandwiches de pepino ingleses, o sus afamados scoones, a nuestras humildes pastitas de té, sin olvidarnos por supuesto de las famosas wafels o tapatés, esas deliciosas galletas holandesas capaces de aportar en un solo bocado toda la carga calórica necesaria para subir el Himalaya, entre dos gofres una untuosa capa de caramelo espera impaciente el calorcito del vapor del té para fundirse y hacer la experiencia todavía un poquito más placentera. Y es que el té solo está estupendo, pero si lo acompañamos pues mejor que mejor, quizá es demasiado tarde para advertir a los que buscan el té por sus virtudes adelgazantes que mejor hoy no se lean el post. Siempre he sido y seré defensora del té porque sí, porque está bueno,como algo lúdico y maravilloso al margen de los miles de beneficios que mil estudios, y otros mil que vendrán, nos demuestran que tiene.

Y como algo lúdico y maravilloso aparecen todos estos acompañamientos, dulces o salados, pequeños bocados que precisamente por ser accesorios y totalmente prescindibles se hacen sabrosos y magníficos. En una mesa de té se pueden desplegar a las cinco de la tarde toda un abanico de colores, olores y sabores, desde los más refinados y elaborados a los más rústicos y tradicionales. ¿Quién no recuerda con cariño, y cierto saliveo, el olor de la cocina cuando mamá o la abuela hacía galletas? Esas sencillas pero al mismo tiempo sublimes galletas de nata, con esos cristalitos de azúcar por encima, costaba darles tiempo a que se enfriaran para poder comerlas y una vez que se abría la veda, si no las retiraban a tiempo, no quedaba una triste migaja para el día siguiente.

He de deciros, y esto me llena de orgullo y satisfacción, que aunque no he podido hacer que vuestra madre o abuela os vuelvan a hacer las galletas, si he conseguido que Xosé de la granja Casa da Fonte en Lugo se ponga a ello; y con un resultado más que excelente, así que puedo anunciaros que tengo en la tienda esperándoos unas maravillosas galletas de nata, con leche 100% gallega de ganadería ecológica por supuesto, amén de las también fantásticas wafels holandesas para los más golosos.

Y con esto, mientras me sacudo las migas de la camisa os digo hasta la próxima taza.